domingo, 26 de mayo de 2013

La filosofía “no sirve para nada” V



Una asombrosa paradoja encierra el imperio del pensamiento único, desprendimiento sorprendente de un pragmatismo que ha abandonado toda exigencia de verdad. Aunque la filosofía contiene la reivindicación, la de ser un camino para acceder a una verdad que pueda ser sostenida argumentativamente, estos propósitos han caído en desuso por la nueva práctica del opinionismo[1]. En las últimas décadas, se ha ido imponiendo su ejercicio cotidiano en el habla coloquial: se presenta como una libertad de opinión que ha renunciado a la búsqueda de su veracidad, con lo que puede no necesitar una cierta coherencia o una fundamentación lógica. Es lo que ha definido el concepto de opinión pública en la sociedad de masas, entendido esto como la opinión de cualquier ciudadano de a pie que se siente con derecho a opinar sobre cualquier tema, sin necesidad de la mínima versación o preparación, por haber estudiado o investigado un poco algún aspecto de ellos.
Queda oculto, en esta práctica social, que esa opinión está incentivada por un sistema informativo que abusa de la noticia sin verificación de evidencia, de noticias que aparecen y desaparecen fugazmente sin que se sienta la  obligación de informar sobre su finalización. De este modo, la opinión pública es el resultado de  la catarata informativa que arroja sobre el espacio público un caudal imposible de metabolizar por el receptor. Todo ello manejado con una aparente irresponsabilidad de personajes, llamados periodistas, en muchos casos, también con una mínima formación intelectual. Estos hacen gala de un desconocimiento del lenguaje que asombra y, por su pobreza, expresan un discurso chato, superficial, necio, insubstancial. Este modo del discurso periodístico exhibe un uso desaprensivo de la relatividad del pensamiento.
El profesor Viñuela Rodríguez avanza en este sentido:
El relativismo es otra forma de muerte de la democracia, si todas las opiniones son iguales, si todas son equivalentes, al final la opinión que sirve es la del más fuerte, he aquí el fascismo emergiendo de la propia democracia. Y eso es hoy en día lo que ha ocurrido cuando se ha establecido la equivalencia de las opiniones. Se ha eliminado el pensamiento y con él la filosofía. Se ha eliminado, en definitiva, la democracia. Se nos ha confundido por parte del poder político y se nos ha hecho pensar en una equivalencia que no es tal, la supuesta equivalencia entre la libertad de expresión y el respeto de las opiniones. Pues no, una cosa es la isegoría[2], la libertad de expresión, y otra el respeto a cualquier opinión. Lo que la democracia y la filosofía que la sustentan nos dicen es que lo respetable son las personas y que las opiniones son para debatirlas. El respeto a las opiniones por ser tales es la pérdida del diálogo, el pensamiento y, con ello, abrir la puerta a la opinión del más fuerte. Es decir, a la tiranía. Es abandonar la civilización para caer en la barbarie. Barbarie tecnocrática, precisamente, que es en la que nos encontramos por el engaño del poder que nos ha hecho abandonar el pensamiento. Y por eso defendemos aquí la vinculación causal de democracia y filosofía. Sin filosofía no hay democracia y sin ésta lo que hay es barbarie: fascismo, totalitarismo, tiranía, absolutismo, fanatismo, violencia… hoy en día nos encontramos en una barbarie tecnocrática y un fascismo del mercado, una ausencia de valores y de ética y una democracia de papel.
El profesor defiende el concepto de isonomía[3] como modelo de democracia ateniense. Considera una de las características que definían la democracia, mediante la cual la herencia griega se presenta como portadora de una civilización sustentada por la igualdad ante la ley:
Todos somos iguales ante la ley, y la ley tiene su origen en el pueblo. La ley no es arbitraria, no depende del poder del más fuerte, ni del más rico, ni del clero. La ley emana del pueblo y nadie está por encima de la ley. Esto es lo que nos enseña la democracia y ésta es la conquista filosófica que tiene como modelo ejemplar a Sócrates, “a las leyes se las obedece”, lo cual nos saca de la incerteza jurídica.
Podemos concluir diciendo: el ataque contra la filosofía como instrumento necesario para la educación en el pensamiento crítico, es un tiro por elevación contra la posibilidad de una democracia deseable según el modelo que expone el profesor.


[1] Se define como “opinionista”, palabra de origen italiano, a la persona que se expresa sin argumentar, partiendo desde su propio modo de pensar sin aportar más argumento que ése. Hace gala de conocimientos que no tiene y demuestra que no le preocupa no tenerlos.
[2] En época anterior a la democracia, los griegos usaban la palabra “isegoría”, que procede de isos = ‘igual’, y ‘ágora’ = asamblea. Significa un sistema en el que todos hacen uso de la palabra de igual a igual.
[3] La isonomía es el concepto de igualdad de derechos civiles y políticos de los ciudadanos. Es la consigna política que expresaba de la forma más sucinta el carácter propio de la democracia, opuesto al ejercicio ilimitado del poder por parte del tirano. Era el término en uso para designar un régimen democrático, antes de que el concepto de democracia se generalizara.