miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Doctrina Social de la Iglesia y el pensamiento político moderno XI



La historia de los seres humanos, a lo largo de cientos de miles de años, nos ha mostrado una amplia gama de soluciones para encarar la satisfacción de las necesidades vitales. La experiencia desarrollada nos enseña que todas ellas han requerido una estructura institucionalizada para normalizar modos y estilos de relación de los miembros de la comunidad entre sí y de ellos con la naturaleza, para hacer posible la mejor utilización posible de los recursos (dentro del marco de posibilidades de cada cultura). El sociólogo Dr. Antonio Elizalde Hevia, Rector de la Universidad Bolivariana, sostiene:
En las sociedades sin clases del pasado y en algunas que todavía sobreviven, la forma de apropiación fue predominantemente social o colectiva. Es la sociedad capitalista la que para su desarrollo requirió, como condición necesaria, la eliminación de toda forma de apropiación que no fuese individual. De modo tal que el capitalismo globalizado en el cual hoy vivimos ha terminado por reducir a su mínima expresión todos aquellos que fueron bienes comunes en el pasado.
Esta síntesis plantea con toda claridad cual es la condición esencial de la sociedad capitalista, de allí se puede deducir con mayor claridad gran parte de las consecuencias que debemos enfrentar hoy.
Ésta es la razón que motivó avanzar en el presente estudio. El ocultamiento de esa historia pasada, por  miopía intelectual o por malas intenciones, ha impedido iluminar con ese pasado el problema actual de la propiedad. Ello logró que el tema fuera circunscrito, para su abordaje, al estudio de las formas que adquirió desde la experiencia del imperio romano hasta su reelaboración por el derecho burgués. La caída del Muro de Berlín permitió que tanto investigadores como profesionales de las ciencias sociales arrojaran al cesto de los residuos el estudio de otras formas de propiedad como modelos alternativos posibles, con las necesarias adecuaciones sociales, históricas y políticas. El fracaso de la experiencia histórica soviética sirvió de excusa para enterrar toda referencia posible a otras formas de propiedad social. Al reducir el estudio al ámbito de la sociedad de clases no pudo (o no permitió) que se comprendiera que el derecho que sostenía el concepto de propiedad privada avalaba las instituciones de una sociedad construida sobre la explotación y la exclusión.
La diferencia que señala el filósofo Enrique Dussel entre propiedad privada y propiedad positiva es muy aclaratoria para lo que venimos pensando. La primera es la propiedad que priva a otros de la posesión, es decir, es un tipo de propiedad que aparece como primera forma histórica de delimitar territorios de caza y mucho más tarde de cultivo. Ese tipo de propiedad corresponde a todos los miembros de las tribus o clanes que se asientan en un lugar y ejercen allí su dominio, privando a otras tribus o clanes de esa posesión (es privada porque priva). Pero el hecho de ser privada no impide que dentro de la tribu o el clan sea común a todos sus miembros. Este tipo de propiedad es la que en muchos tratadistas aparece como la propiedad natural, distinguiéndola de la segunda.
Otra modalidad distinta es la propiedad positiva, forma de propiedad que se desprende del hecho jurídico al legislar sobre determinadas formas de relación de los hombres entre sí y con los bienes, como respuesta a un nuevo contrato social. Este tipo de propiedad aparecerá obligada por ese nuevo ordenamiento social, y como consecuencia del nacimiento de la sociedad de clases, cuyos conflictos, originados en la distribución desigual de los bienes requirieron la necesidad del Estado. Esta forma de organización social requiere una institución suprasocial que regule y legitime la posesión de determinados bienes y vele por el cumplimiento de lo normado. Sin embargo, esta necesidad se acentúa, desvirtuando su objetivo primigenio, cuando aparecen situaciones de extrema desigualdad social, para asegurar la propiedad de los poderosos y por sobre la exclusión de muchos.