miércoles, 11 de diciembre de 2013

El oficio del señor Durán Barba IV



En una entrevista que le realizó Julia Goldenberg al profesor François Jost[1] (1949), de la Sorbonne Nouvelle-Paris III, éste sostiene que «la televisión sigue siendo un discurso potente y con plena vigencia». Constituye un dispositivo que debe ser analizado detenidamente, ya que es el vehículo mediante el cual se afirma la banalidad de la televisión. Esta habla de sus más profundas aspiraciones, de su lógica y de su función social. Nos encontramos ahora ante una mirada diferente pero convergente con lo que estamos estudiando. Veamos cómo lo plantea:
Yo no hablo en mi libro sobre lo banal, sino sobre el culto de lo banal. Es decir, sobre el hecho de que a lo largo del siglo XX se ha reivindicado lo banal. Cuando digo que se ha “banalizado lo banal” me remito al inicio del siglo XX, cuando Marcel Duchamp comenzó a exponer objetos triviales en un museo, como por ejemplo un mingitorio al que llamó Fuente. Esto, con el objetivo de enfrentarse a una concepción del arte y de los artistas inscriptos en instituciones rígidas. Luego establezco una serie con obras de Andy Warhol, quien filmó gente durmiendo y comiendo para romper con una concepción de la alta cultura y para valorizar lo “ordinario-ordinario”, es decir, el espectáculo más banal.
Nos advierte sobre la transformación de lo que comenzó como una protesta, y hoy se ha convertido en un valor cultural, en el modo dominante de la programación televisiva. Por ello, subraya que todos estos artistas promovieron el culto de lo banal, como una protesta para rebelarse contra concepciones tradicionales y conservadoras: el museo, el genio artístico, el gran arte, etc. Es decir, todo eso fue pensado desde una intención provocadora y corrosiva. Hoy la televisión le da un lugar central a la banalidad, pero sin ningún tipo de objetivo y lo banal se justifica a sí mismo. Es decir, parece que la gente tiene derecho de mostrar lo más trivial, pero sin ningún tipo de objetivo contestatario, revolucionario o provocador. Esto no lleva a derribar valores o discursos conservadores; los esquiva, no los enfrenta:
Bueno, lo que intento demostrar, justamente en el capítulo sobre Warhol, es que la separación entre “la alta cultura” y “la cultura popular” se ha borrado. Para Warhol, los medios de comunicación también son una forma artística. Creo que si pensamos en la televisión como una continuación en la línea de Warhol o del Pop art, se puede admitir que en el fondo la televisión es hija del arte contemporáneo y es heredera del arte del siglo XX. Si Warhol filmaba a un hombre durmiendo durante seis horas no podemos sorprendernos cuando vemos en Gran Hermano exactamente lo mismo.
Consultado sobre dónde colocaría el comienzo de este proceso, afirma:
Lo cierto es que en Francia teníamos una televisión enteramente pública, no existía la televisión privada. Desde el momento en que la televisión se privatizó, todas las cadenas televisivas intentaron seducir al público, buscaban darle un lugar protagónico. El espectador era el protagonista. En los años ’90 comenzó esta dinámica, cuando se pusieron de moda los reality shows, que en Francia los llamamos “telerrealidad”. Antes, la televisión estaba ligada al poder, a la alta cultura y a ciertos sectores. Luego, la televisión, con una estrategia populista y no popular, ubicó al individuo como protagonista de la escena televisiva. Incluso hubo un programa en los ‘90 que se llamaba Salgo en la tele. Es decir, salir en la tele se convirtió en el objetivo fundamental.



[1] Investigador incansable, analiza la televisión como dispositivo fundamental para la comprensión de la sociedad contemporánea. Además, es director del Laboratorio de Comunicación Información y Medios, responsable del Centro de Estudios sobre las Imágenes y los Sonidos Mediáticos (Ceisme) y director de la revista Télévision (editorial CNRS). Su último libro es El Culto de lo Banal, en el cual marca un trazado teórico e histórico que va desde las revolucionarias obras de Marcel Duchamp, pasando por Andy Warhol, hasta las producciones televisivas como los reality shows.