miércoles, 26 de marzo de 2014

¿Qué se oculta debajo de ciertos debates? XII



             El doctor Amartya Sen (India-1933), economista y filósofo egresado de la Universidad de Cambridge, fue profesor de Economía Política en la Universidad de Oxford, en la Escuela de Londres de Ciencias Políticas y Económicas, entre otras universidades del mundo. Fue Premio Nobel de Economía, en 1998. El tema de su investigación, sobre el que trabajó durante años, trata la desigualdad económica y fue publicado en su ensayo Pobreza y hambruna: Un ensayo sobre el derecho y la privación. En él, demostró que el hambre no es consecuencia de la falta de alimentos, sino de desigualdades en los mecanismos de su distribución. Ha manifestado recientemente:
Hay que tener en cuenta primero que los capitales que salen del fracaso de algunas burbujas como la de los puntocom o la más reciente la burbuja inmobiliaria, ahora están mirando el gran negocio de los alimentos. Los inversores han dicho “El problema de la humanidad en este momento está vinculado a la alimentación, por lo tanto, vamos a invertir en alimentos que es capital con rentabilidad segura”. Eso es un capital especulativo. Este tema de la alimentación se puede rastrear muy bien en los documentos de 1996. Había 1200 ONG y el documento final se titula como una advertencia seria: “Ganancias para pocos o alimentos para todos”. Una cosa importante que dice es que el alimento no puede ser usado como herramienta política para el dominio de los pueblos. Esto también es soberanía. Sin embargo, las consecuencias están a la vista. 
El hambre no constituye una tragedia a la que una parte de la humanidad esté predestinada. Es resultado de la injusticia, de la violación del derecho fundamental de toda persona a disponer, en todo momento, de alimentos en cantidad y calidad suficientes. De acuerdo con estadísticas de la FAO, la cifra de personas que sufren ese flagelo se incrementó en más de mil millones durante los últimos tres años. El corrimiento de los capitales financieros hacia el negocio de los alimentos, el agribusiness, ha distorsionado los precios internacionales. Esther Vivas lo plantea de este modo:
Hemos visto cómo los mismos que en un momento especularon con las "subprime" (fondos de pensiones, fondos de inversión, compañías aseguradoras, entre otros), una vez que estalla la "burbuja" inmobiliaria redireccionaron esas inversiones a la compra de alimentos y entraron en los mercados de futuros[1] para especular con productos como el arroz, el trigo o la soja. Esto genera una escalada de los precios de muchos alimentos básicos para la población, especialmente en los países del Sur. Podemos decir que se ha pasado de una "burbuja" inmobiliaria a una "burbuja" alimentaria.
Como afirma el economista británico Raj Patel[2] (1972) en su obra Obesos y famélicos (Los Libros del Lince, 2008):
El hambre y el sobrepeso globales son síntomas de un mismo problema. Los obesos y los famélicos están vinculados entre sí por las cadenas de producción que llevan los alimentos del campo hasta nuestra mesa. Para comer bien, para que todos podamos comer bien, hay que romper con el monopolio de estas multinacionales en la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Para que por encima del afán de lucro, prevalezca el derecho a la alimentación de las personas.



[1] En el mundo de las finanzas, el mercado “de futuros” hace referencia al mercado en el que se comercializan contratos estandarizados de compraventa de una cierta mercancía a un precio y cantidad determinados. En este tipo de contratos, la fecha de entrega de los bienes o mercancías está fijada en un punto determinado en el tiempo; de ahí la expresión "futuros", aunque en la mayor parte de los casos los granos nunca pasan por las manos de los tenedores de los contratos. Sólo manejan papeles comerciables.
[2] Es un economista, académico, periodista inglés y activista, estudioso de la crisis alimentaria mundial. Es reconocido como el más autorizado exponente de la filosofía de la compartición.