domingo, 15 de junio de 2014

El capitalismo y la felicidad humana V



En la etapa siguiente a la segunda posguerra, aparecieron inquietudes respecto a la finitud del planeta en relación con demandas cada vez mayores de producción. Hasta la categoría desarrollo económico, cimiento de todos los proyectos planteados en los países subdesarrollados (préstese atención a este concepto) comenzó a ser cuestionada, por partir del supuesto de la existencia de un camino, recorrido por los ya desarrollados, para superar su condición actual. Sin embargo, el supuesto oculta que el desarrollo de los países que lograron su nivel económico actual ha colocado al borde de la catástrofe la subsistencia de la vida.
A fines de los sesenta el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) recibió del Club de Roma, el pedido del comienzo de una investigación en torno a este problema.  Esta institución había sido fundada en 1968 por un pequeño grupo de científicos y políticos, motivados por la preocupación de «mejorar el futuro del mundo a largo plazo, de manera interdisciplinar y holística».
El informe final, Los límites del crecimiento (en inglés The Limits to Growth) fue publicado en 1972,  poco antes de la primera crisis del petróleo. La autora principal del informe, en el que colaboraron 17 profesionales, fue Donella Meadows (1941-2001). Biofísica y científica ambiental estadounidense, pionera especializada en dinámica de sistemas, trabajaba en el MIT en 1972 y  formaba parte del equipo gestor del modelo computacional global World3 para el Club de Roma, y proveyó las bases del libro mencionado. Dice Wikipedia:
El libro reportó un estudio de tendencias globales a largo plazo en las áreas de población, economía y medio ambiente. Dicho escrito ganó relevancia alrededor del mundo, y dio comienzo a un debate acerca de los límites de la capacidad de nuestro planeta para soportar la continua expansión económica del ser humano, un debate que continúa actualmente.
Se puede resumir la conclusión del informe de 1972 en estos términos:
Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantienen sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años.
El informe se basa en la simulación informática del programa World3, una proyección sobre los datos actuales que recrea el crecimiento de la población, el crecimiento económico y el incremento de la huella ecológica sobre la Tierra en los próximos 100 años. La tesis principal del libro es que, «en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial (población y producto per cápita) no son sostenibles». Así, el planeta pone límites al crecimiento, como los recursos naturales no renovables, la tierra cultivable finita y la capacidad del ecosistema para absorber la polución, producto del quehacer humano, entre otros.
Basados en la proyección que adelanta un cuadro posible, de continuar el modelo actual, los autores exponen, como posible solución a este previsible colapso, el «crecimiento cero» o «estado estacionario», la detención del ritmo de crecimiento de la economía y de la población. De este modo, es posible que los recursos naturales existentes (en aquella fecha, 1972) no sean dilapidados por un crecimiento descontrolado. La hipótesis de prevención advertía la vulnerabilidad del planeta hacia un futuro vivible para las generaciones venideras.
La propuesta del Club de Roma no ha encontrado un eco plausible. Hoy, a más de cuarenta años de la publicación del informe, los avances conseguidos no son muchos. El artículo de Wikipedia reflexiona:
Es posible modificar las tasas de desarrollo y alcanzar una condición de estabilidad ecológica, sostenible, incluso a largo plazo. El estado de equilibrio global debería ser diseñado de manera que las necesidades de cada persona sobre la T Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Tierra sean satisfechas, y que cada uno tenga iguales posibilidades de realizar su propio potencial humano. El texto se convertiría en toda una referencia, a finales de ese mismo año, cuando tomó forma la Declaración de Estocolmo, un acuerdo que nacía tras la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en esa ciudad en junio de 1972.