miércoles, 2 de octubre de 2013

Subjetividad posmoderna y el buen vivir II



Un primer problema se nos presenta para definir el campo donde colocar el tema de investigación. Como ya quedó advertida la necesidad de evitar las miradas parcializadoras, se impone precisar el lugar desde donde estoy hablando, y hacerme cargo de las limitaciones que esta pretensión enfrenta, dentro del ámbito de las ciencias sociales. La actitud que busca el comprender, pretende corregir las exigentes limitaciones del saber científico, por las rigideces metodológicas que implica, expresadas por experiencia de que ellas nos alejan de la materia investigada. La psicoanalista Clara Shorlandman, Doctora en Ciencias Sociales, cuyos títulos académicos hablan de su inquietud por ampliar el espacio de sus conocimientos, plantea la dificultad de este modo:
Lo que pasa es que éste es el problema que tenemos con la ciencia y el sentido común. La ciencia necesita objetividad y métodos de repetición para poder estandarizar, homogeneizar y hacer universales sus descubrimientos, y se olvidan de la subjetividad y el ser humano como único e irrepetible.
Nos pone ante la disimilitud de los objetos de estudio, como una cuestión no soslayable: el modelo de  ciencia impuesto maneja objetos manipulables, medibles, sustituibles; por lo tanto, pasibles de someter a experimentos. La Doctora Shorlandman pone el acento en la particularidad del tipo de conocimiento sobre lo humano en tanto  objeto de estudio (definirlo así ya está mostrando un grado de cosificación, muy difícil de evadir). La biografía va cincelando, en la persona humana —por itinerarios “únicos e irrepetibles” y en permanente cambio—, perfiles que se autodefinen constantemente. Por una parte, ello lo convierte en un “objeto” casi inasible, en términos de conocimiento; por otra, el ejercicio de su libertad (asunto no incorporable al método científico) le otorga un grado de creatividad e imprevisibilidad de su conducta no sometible a leyes rígidas, ni estadísticas, ni probabilísticas. Aparece, entonces, la necesidad de comprensión.
Como ser individual[1], adquiere su perfil personal en el seno de una sociedad que está, también, en permanente cambio, lo cual le exige modos de adaptación, a partir de su individualidad autónoma. Esta dialéctica entre persona y sociedad se procesa de modo condicionado por los elementos de cada uno de esos términos; su resultado, como quedó dicho más arriba, es siempre novedoso. Creo que ya estamos en condiciones de señalar las razones de peso para afirmar que, si bien la ciencia aporta elementos nada desechables, las características de la persona humana exigen un modo de aproximación alejado de los métodos académicos tradicionales.
La investigación de la relación entre sujeto y sociedad se presenta con particularidades que imponen una mente amplia, lo más libre de preconceptos posible, dispuesta a dejarse sorprender por lo que siempre es novedoso dentro de la continuidad de cada historia personal. Entre estas limitaciones, pero con la necesidad de comprender el fenómeno humano en una sociedad en crisis, la Dra. Shorlandman nos ofrece una descripción aproximativa:
Estudiamos cómo fue el cambio de subjetividades en la época, qué ha pasado con el sujeto que nosotros entendíamos como el sujeto moderno y cómo es el sujeto actual hoy. Vemos síntomas y su manera de participación social. Las características del sujeto actual son que es un sujeto del consumo, de la acción, de pocas palabras y que ha transformado también el tiempo, para él el tiempo es un instante. Es un tipo de subjetividad para la cual han cambiado los padecimientos y la posibilidad de tratarlos, pero también cambiaron los vínculos sociales. Para nosotros, es de suma importancia ver esa transformación, porque esto permite comprender algunas de las situaciones socio-culturales y políticas.
Este análisis nos es muy útil para orientar la investigación emprendida. Queda dicho que se debe hablar de una mutación de la subjetividad; esto nos impone algunas preguntas para conocer las posibles causas y el origen de ese proceso.



[1] El término “individuo” etimológicamente proviene de “indiviso”, ‘lo que no se puede dividir’. Se refiere a una unidad independiente, frente a otras unidades.